Superar el éxito de un primer disco debe ser sin duda una de las tareas más complejas para un grupo que se encuentra en la palestra mediática. Ese fue el caso de la banda de rock británica Suede.
Compuesta íntegramente por miembros de la clase trabajadora inglesa con fuertes inquietudes artísticas y una predilección por agrupaciones y artistas como David Bowie, Sex Pistols, Kate Bush, The Fall y sobre todo The Smiths, la agrupación ya había lanzado al mercado un primer LP homónimo aclamado por la crítica, debido a la efectividad pop de sus liricas y la fuerza punk rocker de su música.
Lanzado al mercado en 1994 (un año después que su predecesor), “Dog Man Star” constituyó en sí mismo, un verdadero homenaje a la música británica y un saludo a toda la amplia gama de influencias que Brett Anderson y compañía fueron absorbiendo durante sus años formativos.
Las canciones:
Arranca el disco con una apertura elocuentemente denominada “Introducing The band”, donde se puede oír la influencia sónica de gente como Syd Barrett, The Kinks o Los Beatles del Sgt. Pepper, para luego dar paso a “We are the Pigs” y “Heroin”, dos memorables temas que evocan el lado más rockero de la banda, con especial protagonismo de los riffs provenientes de la guitarra de Bernard Butler y la voz de Anderson emulando el registro vocal más grave de David Bowie.
A lo largo de la placa encontramos también joyas como “The Wild Ones” o “The Two of Us” donde se explora el tema del quiebre sentimental desde dos ópticas contrapuestas, una más esperanzadora y la otra más pesimista y melancólica. También está “White or Blue”, la narración de un amor interracial que bien podría extrapolarse a cualquier clase de opuestos que se atraen.
Curioso es el trasfondo de la canción “Daddy´s Speeding” donde Anderson evidencia su interés por la figura de James Dean y como la sociedad británica se obsesionaba con el mundo de ensueño proveniente de Hollywood. Demás está mencionar entonces que “This Hollywood Life” aborda la misma temática.
“The Power” y “New Generación” son vigorosos himnos de juventud. El primero con claras referencias a Arthur Rimbaud, el poeta maldito por excelencia y la segunda una verdadera arenga a la generación X, que por aquellos años danzaba al ritmo del house y alucinaba con el consumo éxtasis.
Llegando al tramo final del disco tenemos una pieza alucinante denominada “The Asphalt World”. Sórdida historia de un triángulo amoroso donde los celos pareciesen consumir dolorosa y teatralmente al narrador, mientras la música toma ribetes cada vez más épicos conforme avanza la canción. Misma forma instrumental para la canción final denominada “Still Life” un Kafkiano texto sobre el tedio y la alienación experimentada por el narrador, cual Gregorio Samsa se tratase.
Así concluye uno de los álbumes más influyentes de los 90. Su construcción fue tan compleja que por poco destruye a la banda, al provocar la salida de Bernard Butler, uno de los guitarristas británicos más prodigiosos de la historia, aparte de la introducción de ciertos componentes de la banda en el consumo excesivo de estupefacientes. Complejos daños colaterales que serían sorteados con éxito en el futuro y que permitirían que esta agrupación pueda seguir tocando y girando hasta los días de hoy, manteniendo intacto y engrandeciendo su legado para las futuras generaciones.


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